La Policía alerta del aumento de la ciberdelincuencia: «Ya es más fácil sufrir un fraude en la red que un atraco»

Los hackeos ya no son a empresas o gobiernos sino a ciudadanos de a pie y la Policía ya puso en marcha el ciberpatrullaje para detectar los delitos

Un policía de la Unidad de Ciberdelincuencia.
Un policía de la Unidad de Ciberdelincuencia.A. VERA

«El fraude es ahora mismo el mayor problema que hay en la red. Está arruinando a miles y miles de personas en España cada año». Pedro Pacheco, comisario jefe de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional, lo advierte así de directo.

Y lo hace porque por su mesa pasan a diario decenas de casos, a los que se podrían sumar cientos más cada día si todo el mundo denunciase. Pero muchas veces la propia vergüenza lo impide: «Hay que tener cuidado con los datos que se dan por internet y las compras que se hacen con la tarjeta, no nos cansaremos de repetirlo. Y hay que denunciar, porque si no, el delito queda impune».

Vamos por partes. ¿A qué se refiere exactamente el comisario cuando habla de ciberfraudes? «A todo tipo de estafas y timos por internet: compras que nunca llegan, páginas web clonadas de otras muy conocidas, ya sean de entradas para teatros, cines o conciertos, webs de bancos, de productos informáticos, que te roban los datos personales, te clonan la tarjeta del teléfono y la tarjeta de crédito, viajes que se pagan y no llegan, alquileres fantasmas».

Es decir, el fraude se ha instaurado en la red como el principal ciberdelito. Tanto es así, que Pacheco afirma que «ahora mismo, el fraude supone ya entre un 85% y un 90% de los ciberdelitos conocidos». La cifra es preocupante no sólo por su cantidad, sino porque no para de subir. En 2018 era de un 80%.

Llegados a este punto, hay que olvidar los hackeos para espiar a grandes corporaciones o gobiernos, dejar de lado las historias ya pasadas -aunque aún parezcan del futuro-, como la de las centrifugadoras nucleares de Irán, y plantearse que las víctimas hoy en día son los ciudadanos normales y corrientes.

Son aquellos que compran objetos cotidianos para que se los envíen a casa, los que no actualizan el antivirus, los que alquilan un apartamento para las vacaciones, buscan sus billetes de avión en internet o realizan operaciones en la banca on line.

O sea, usted mismo.

O sus hijos.

Y sus vecinos.

Todo el mundo.

«Un ciudadano tiene hoy más probabilidades de ser víctima de un fraude por internet que de sufrir un atraco o un robo en su domicilio», sentencia el comisario.

RECICLAJE DE DELINCUENTES

Cada día, los investigadores del cibercrimen constatan cómo los delincuentes de toda la vida van desapareciendo, porque aquellos que ya estaban destinados al delito casi desde antes de nacer se han dado cuenta de que no es lo mismo robar un bolso de un tirón que timar unas decenas o cientos de euros por internet. Ni es lo mismo atracar una farmacia que ofrecer en la web un piso de alquiler para las vacaciones de verano que ni siquiera es suyo.

No es lo mismo por varias razones. No existe el riesgo de cometer un delito en el mundo físico. No hay alarmas, no hay coches patrulla, no hay víctimas que se enfrenten al delincuente. Y la principal ventaja es que tampoco existe la misma condena por hacer una cosa que por la otra.

Mientras eso no cambie, se está produciendo un reciclaje de delincuentes habituales en hackers de poca monta y en ciberestafadores. Hoy ya no es difícil aprender un hackeo básico o conseguir un malware sencillo que haga el trabajo. Por eso, muchos jóvenes, según los expertos, se están pasando al ciberdelito.

Dentro de esta modalidad de los fraudes a veces se encuentra alguna incluso más maliciosa en la que las víctimas se multiplican, pero que también está cogiendo fuerza. Se trata de las estafas relacionadas con hackers mercenarios, como la investigación cerrada este mismo verano por los agentes de ciberdelincuencia.

UN ‘MODUS OPERANDI’

En esta ocasión, después de un largo trabajo, se destapó una red de hackers compuesta por cinco grupos, sobre todo asentados en Canarias y Cataluña, cuyos miembros cumplían el mismo patrón: ofrecían sus servicios en redes sociales y webs muy conocidas de anuncios, y por unos cientos de euros prometían servicios como instalar un software espía en cuentas de correo o teléfonos.

Esa oferta tenía un mercado claro, y con un auténtico bombardeo de anuncios (unos 12.000, han contabilizado los agentes) captaban a pícaros. Otros de los grupos de hackers se anunciaban para ofrecer tareas como entrar en alguna web institucional para borrar multas a un conductor, cuando no como «hacker para todo».

Por la parte policial, cada vez es más importante una tarea nueva: el ciberpatrullaje. Se utilizan herramientas de rastreo que buscan permanentemente el delito en la red y a través de ahí llegan muchos casos nuevos. Sin ir más lejos, esta última investigación de los hackers.

Detrás de estos miles de anuncios encontrados en el ciberpatrullaje en realidad había hackstorsiones, o sea, la variante hacker de las extorsiones de toda la vida, según la investigación de la sección de Redes Abiertas de la Policía.

ESPIONAJE A PERSONAS

En plan Black Mirror, en los casos de espionaje a parejas, la persona supuestamente espiada recibía un aviso del propio hacker, que le sacaba dinero diciendo que tenía sus fotos, su vida privada entera, y que la airearía si no pagaba. Muchas veces ni siquiera era cierto que tuviera esos datos con los que amenazaba, sino sólo su número de teléfono porque se lo había dado quien le contrató. Pero después, a ese que solicitó sus servicios el hacker también le sacaba dinero amenazando con delatarle a la víctima. De esta manera, el beneficio obtenido finalmente era doble.

En otras ocasiones, la estafa era más clásica: los hackers pedían dinero por adelantado y no volvían a dar señales de vida.

Para luchar contra el ciberfraude, el comisario Pedro Pacheco tiene claro que la primera medida es la prevención que pueda hacer uno mismo: «Usar tarjetas prepago, no dejar los datos en cualquier web, poner contraseñas complicadas y cambiarlas habitualmente, no poner la vida entera de uno en las redes, no meter nunca los datos de una tarjeta de crédito en páginas porno, tener un buen antivirus, no pinchar enlaces sospechosos, ya sea en el correo o en aplicaciones de mensajes».

Siempre tened en cuenta seguir unas pautas de seguridad como por ejemplo: de que dirección vienen los
correos electrónicos, de donde descargáis según que documentos o aplicaciones y por ultimo y mas importante
, utilizar el sentido común y estar alerta para evitar caer en cualquier ataque.

Enlace a la noticia: https://www.elmundo.es/espana/2021/10/18/616c57f9fdddffb77a8b457b.html